La primera vez que escuche la voz fue durante un examen de geografía en la secundaria, sólo me dedicaba a hacer dibujos en las hojas pues no sabía ninguna respuesta. Me dijo "La capital de Argentina es Buenos Aires". Me asuste un poco, pero imagine que era mi ángel de la guarda que me daba las respuestas. Fue el primer examen que mis padres colgaron orgullosos del refrigerador. Desde entonces se convirtió en mi amigo incuestionable, algo que para un niño en sillas de ruedas había sido imposible hasta entonces. Todos estos años la voz ha estado junto a mí, en mi boda y en el nacimiento de mis hijos. Hoy mi esposa llora a mi lado, lágrimas de felicidad, pues por primera vez mis piernas atrofiadas me levantan de esta silla. Pero no se mueven bajo mi control, alguien mas las mueve, alguien que ha tenido todo el tiempo del mundo para jugar dentro de mi cuerpo.
Hoy aprendí que lo que más anhela una mente sin cuerpo es justamente uno propio para vivir, y no le gusta tener huéspedes husmeando dentro de su nuevo cuerpo.
Hoy mi hijo se ha ganado un ángel guardián, o eso es lo que él cree.

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