"Esto no me servirá de nada" pensó la muerte rascando su barbilla "necesito algo más fundamental para resolver este dilema."
El problema en cuestión era la vida en la tierra, en particular la de la raza humana, quienes, cumpliendo con todos los requisitos consiguieron un alma inmortal. Nada fuera de lo común ahí. El problema llegó con la inmortalidad, era la primera vez que se conseguía y no existía ninguna ley que la regulara.
Sin muertes, no se reclamaban las almas, de las cuales consistía la primordial economía del Origen.
La inmortalidad fue un terrible plan organizado por el encargado de la tierra El Diablo, quien durante todo el tiempo fomento e impulso detrás de bambalinas el desarrollo tecnológico en esa dirección. Mientras tanto se aseguró de invertir de forma que él era el único beneficiado.
Se realizó un juicio, el Origen contra la Humanidad, la sentencia fue rápida y concreta: el cuerpo recipiente del alma es el legítimo arrendatario de esta durante toda su vida.
La muerte se encontraba envuelta en una nube de polvo más antigua que ella misma y rodeada de oscuros pensamientos.
Al origen regresaban las almas de todos los mundos. Se juntaban, mezclaban y al resurgir emergian como algo más grande y superior. Una parte de todo esto se quedaba en el Origen, así progresaban. Sin este eterno cambio existía el peligro de caer en la decadencia.
Esto le dió una idea, rebusco entre los cientos de libros que tenía esparcidos, encontró justo lo que necesitaba ...las almas son prestadas para ser enriquecidas por el cuerpo huésped... En caso de fallar en la mejora del alma está puede ser reclamada.
Pasaron varios años, pero al final los humanos comenzaron a aburrirse, sin necesidades, sin peligro, sin el primordial motivante de mantener la vida, todo se volvió monótono. Aunque sus cuerpos y sus almas inmortales perduraban, estas últimas decaían.
La ley fue aplicada rápida y sin clemencia.
La humanidad se fue reduciendo en números hasta que quedaron el último hombre y mujer, una mirada vacía reinaba en sus semblantes, una ligera lluvia caía sobre sus cuerpos apenas cubiertos por ropas desgarradas. La muerte se encontraba junto a ellos, su toga negra revoloteaba contra el viento. Miró con tristeza lo último de la humanidad, estaba ahí para reclamar sus almas, sin embargo rememoro las buenas conversaciones que tuvo con los más grandes personajes que vivieron en este mundo y tuvo un cambio de corazón. Con su guadaña tocó el temple de ambos y les dijo "Sean fecundos y multiplíquense. Llenen la tierra y sométanla. Ejerzan dominio sobre los peces del mar, sobre las aves del cielo y sobre todo ser viviente que se mueve sobre la tierra."
Una luz brilló en los ojos de los primeros hombres de la humanidad mientras una sombra se alejaba sobre el horizonte.
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