jueves, 30 de mayo de 2019

Las plumas del fénix

Cada año para el cumpleaños de su hija Raquel, el rey le regalaba una pluma de fénix. Las plumas resplandecían con una luz dorada bajo los rayos del sol, refulgía con un azul fulgurante bajo la luna llena. Cada pluma la ponían en un tocado de plata que le habían regalado cuando nació. Cada año se organizaba la cacería del fénix, los mejores cazadores del reino se reunían, pues quien lograba atrapar al fénix se llevaba su peso en oro. El fénix siempre era liberado después de conseguir la pluma pues era el único con vida que se conocía en el reino. Así pasaron los años, el tocado de la princesa, así como ella misma, crecieron en belleza y resplandor. El día de la cacería para el cumpleaños 18 de Raquel algo malo ocurrió, una flecha, cuya función era espantar al fénix a las redes, impactó de lleno contra él, que al perder la fuerza de su cuerpo cayó contra el suelo. Al ver esto el rey se precipitó sobre el cuerpo del ave, pero sólo llegó a verla suspirar su último aliento, antes de estallar en una llamarada que sólo dejó cenizas, de estas surgió un huevo dorado, tan liviano y hermoso que fue agregado como pieza central al tocado de la princesa. Raquel vivió con una tristeza en su corazón pues amaba ver al fénix volar más que a nada en el mundo. Ocurrió que en el día que nació su propia hija, del huevo surgió un fénix, quien al emprender el vuelo y alejarse del palacio dejó una pluma flotando en el aire, está fue agregada al tocado que habían hecho para la bebé, a quien nombraron Esperanza, para recordar que nunca debían perderla.

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