martes, 14 de octubre de 2014

Casado

Heredar todo su dinero fue bastante sencillo. Él no supo lo que firmaba cuando nos casamos, sólo tenía ojos para mi escote. El problema es que no se contentó con quedarse muerto.
Una semana después de su muerte empecé a escucharlo llamándome. Primero fueron sólo suspiros, pero con los días se volvieron más fuertes. Usar tapones para los oídos dejó de funcionar muy pronto, el maldito aprendió a gritar directo en el tímpano. Sólo dure 1 mes antes de tener que tomar medidas drásticas, esto me dio un tiempo de increíble tranquilidad.
Entonces empezó a aparecerse delante de mí. Primero fue un borrón en la esquina de mi ojo derecho, pero con el tiempo tomo la misma forma que el día en que lo mate. De nuevo no pude soportar mucho tiempo. Perder la vista fue un pequeño precio por no tener que volver a verlo.
Hoy me siento aquí sola en la oscuridad, lágrimas recorriendo mis mejillas mientras siento unas manos frías apretando mi garganta.

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