Hace siglos fui maldito por tomar una rosa prohibida, la rosa de la vida, la puerta por la que las almas parten al descanso eterno.
Sin la puerta, las almas atormentadas vagaban por el mundo, persiguiendo a los vivos, siguiendo el rastro de calor de sus cuerpos, el aliento de su vida.
Mi castigo fue abrir un portal para cada alma, para que puedan ir al más allá.
Desde entonces, ahí donde hay un muerto estoy yo, llevando una rosa para el cuerpo, una puerta para el alma.
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