martes, 24 de junio de 2014

Utilidad

El ser humano tiene el don más hermoso de todos, tiene el don de la vida. No la vida que viven en donde sueñan, crecen, se enamoran y mueren. Tampoco la vida que crean al reproducirse y crear otro hombre como ellos. El don de la vida del que habló es el de infundir vida en todos los "objetos" (como se obstinan en llamarnos) que crean, a esa vieja rama seca que convierten en un tren de juguete le dan vida, le infunden una conciencia y una misión en la vida.

Y no me malinterpreten no hablo que sus juguetes se mueven y hacen fiestas cuando ustedes no están viendo, esa es pura locura, la vida que infunde el hombre no es tan sofisticada, el hombre sólo es capaz de dotarnos de una conciencia, de darnos sentimientos, de ser felices al cumplir nuestra tarea. No podemos comunicarnos con ellos, ni entre nosotros mismos, pero puedo sentir el aura de felicidad del elevador al subir al piso marcado, el sonido de los zapatos contra el suelo es como el beso de 2 amantes felices de encontrarse. El timbre de la puerta lanza un grito, mitad para anunciar que hay alguien en la puerta mitad de pura alegría. La puerta al abrirse introduce con alegría a dos extraños, el único problema es que no son extraños.

Y aquí es donde yo aparezco, cantando a todo pulmón.

BANG BANG BANG.

Y este es el momento en el cual el don que da el hombre se convierte en una maldición, una vez que dejas de ser de utilidad te descartan, dejándote consiente de tu inutilidad.

El piso me recibe, feliz por cumplir su tarea, pero ahora estamos solos aquí, en un cuarto sin nadie a quién servir, acompañados sólo por el sonido de la tetera avisando a nadie que el te está listo.

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